Encontré en el cuento una vía para expresar mis fantasías, mis sueños y mis inquietudes. El cuento nos da la posibilidad de vivir, compartir, describir, sufrir y disfrutar situaciones que la vida real no nos otorga.

Iré guardando en los en los anaqueles de este almacén, aquellos cuentos que llegaron a mis manos a través de un libro, o por sugerencia de algún lector amigo y que por una u otra razón me conmovieron

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CUENTOS INVITADOS

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domingo 14 de agosto de 2011

La profecía de Marg

de Fernando Murano

La profecía de Marg.


Alcancé a ver cuando el guerrero levantaba la espada sobre la cabeza y el acero pulido y filoso rasgaba la pálida bruma de la noche. Ni la sangre ni la suciedad que cubrían mi rostro me impidieron advertir que el hombre que yacía a sus pies, segundos antes brutal y poderoso, lucía una patética mueca de súplica. Por un instante la hoja, forjada por los Reyes Profetas en otro milenio, se mantuvo inmóvil, erguida y desafiante. La luna encontró un resquicio en la oscuridad del cielo gris y relampagueó sobre su filo. La mano del guerrero se mantuvo firme, decidida, rigurosa. Hice un esfuerzo para sobreponerme a las heridas y levantarme para contemplar el momento que muchos habían esperado durante años, y yo que era el único testigo que quedaba con vida me encontraba a una distancia de tiro de lanza. La visión era terrible, un escalofrío me sacudió de pies a cabeza. Un silencio opresivo reinaba sobre la tierra de Marg.

-No mereces mi compasión -dijo el caballero de vestidos y armaduras negras.

-Haz lo que debas hacer, Kardmann -dijo. A pesar de que los ojos del hombre contenían la certeza de un destino inexorable, su fisonomía recobró el orgullo y la fastuosidad de otros tiempos. Sin duda que pensó en morir con la dignidad que supo ostentar.

Fue entonces que escuché un inmenso coro, compuesto por voces de miríadas de almas inocentes atrapadas en el tiempo y el espacio, voces que aullaron en la oscuridad mortal que se cernía, como un manto de piedad, sobre el desolador campo de batalla. Pude escuchar que clamaban por justicia, que demandaban una nueva vida para sus clanes, que exigían libertad.

-Los espíritus de Ghard te han sentenciado, Probius -la voz gruesa de Kardmann perforó el silencio del valle y se hizo eco en las Montañas de Hierro.

Vi como el ensordecedor coro de las voces que carecían de imagen se materializaba en espectros pálidos, dos, cien, mil, millones acudieron a la cita y se fundieron en una pavorosa nube blanca. La nube, que desprendía un fuerte resplandor fosforescente, en un primer momento me encegueció, luego cuando mis pupilas se acostumbraron a su intensidad pude ver como se retorcía y giraba como un tornado sobre la cabeza del caballero de negro y en un parpadear de ojos desaparecía dentro de él. Los músculos de Kardmann se tensaron de tal manera que parecía que explotarían, los ojos escupieron fuego, la boca destiló furia.

Probius lo miró con amargura, comprendió que pronto, luego del golpe de gracia, habría de enfrentarse a otro enemigo, uno descomunal, un enemigo que crecía impulsado por una eterna sed de venganza.

Entonces Hardak, la espada de acero bruñida por los Reyes Profetas, impiadosa, ejecutó la sentencia. En los días posteriores, cuando me hube recuperado de las heridas, comprobé con mis propios ojos lo que los Brujos de Ankra me habían contado tiempo atrás, en su hoja bruñida estaba grabada en el lenguaje de Larst esta profecía.


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