Encontré en el cuento una vía para expresar mis fantasías, mis sueños y mis inquietudes. El cuento nos da la posibilidad de vivir, compartir, describir, sufrir y disfrutar situaciones que la vida real no nos otorga.

Iré guardando en los en los anaqueles de este almacén, aquellos cuentos que llegaron a mis manos a través de un libro, o por sugerencia de algún lector amigo y que por una u otra razón me conmovieron

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jueves, 26 de mayo de 2011

La furia es un enojo exagerado

de un escritor invitado: Cirilo Guillermo Lucero

Mi hermana Segismunda está que bufa. Le salen chispas por los ojos. Entró pateando el perro que estaba echado a la entrada de la puerta. Ni el gato se salvó; le puso con el bolso por las costillas, y el pobre pegó un salto y casi queda colgado del techo. No me animé a preguntarle por mis caramelos, así que le pregunté la causa de su enojo; me miró como vaca brava y me dijo: a usted que le importa mocoso de mierda. Le pregunté por preguntar porque yo se bien lo que le pasa. La Juliana, que vive acá al lado, le ha asegurado que su marido le pone los cuernos. Yo estaba atrás del cerco cuando se lo dijo. Pero me hago el sota aunque me diga mocoso de mierda, total, mientras me siga trayendo caramelos cuando está de buenas… Me imagino la que se arma cuando venga el Pedro. Pedro es su marido. Siempre se hace el bolu cuando ella lo encara con los celos.

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viernes, 29 de abril de 2011

Teoría: GUIONADO DE TEXTOS

Guiones de diálogo


1. El guión largo (—) sirve generalmente para indicar tanto las intervenciones o parlamentos de los personajes (guiones de diálogo) como los incisos del narrador. En el primer caso, el guión va pegado a la inicial de la palabra con la que comienza el parlamento, con la sangría de la primera línea del párrafo (es decir, texto «entrado»). En el segundo caso, va precedido de un espacio cuando comienza el inciso, y seguido de espacio cuando termina (este último guión sólo se emplea cuando el inciso está dentro del parlamento; cuando está situado al final nunca debe cerrarse: véase, más adelante, el punto 1.9). Estos diez ejemplos recogen sus usos más frecuentes:



—He descubierto que tengo cabeza y estoy empezando a leer. [1]



—Oh, gracias. Muchas gracias por sus palabras —murmuró Jacqueline. [2]



—Somos muchos de familia —terció Agostino— y trabajamos todos. [3]



—Seguro que, a la larga —replicó Carlota con decisión—, todo se arreglará. [4]



—¡Sophie, vuelve! —insistía Stingo—. He de hablar contigo ahora mismo. [5]



—¿Y tú qué entiendes de eso? —saltó Stephen—. No has leído un verso en tu vida. [6]

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martes, 19 de abril de 2011

El señor Medina

Un cuento de Iris Rivera
El señor Medina fue aprendiendo a medir las palabras. Estaba orgulloso porque nadie le enseñó. Aprendió solo, de inteligente que era nomás.

Está bien que no aprendió enseguida, ni fácilmente. Le costó mucho, años le costó… sufrió equivocaciones, cometió graves errores que luego tuvo que lamentar, pero el tragaba saliva y se decía:

- ¡Atención Medina! Esta vez mediste mal, la próxima no te tiene que pasar.

Y trataba que la próxima vez no le pasara.

El señor Medina siempre llevaba en el bolsillo la cinta métrica. El padrino se la había regalado de chico, porque todos en la familia tenían una. La cinta métrica era una tradición en la familia del señor Medina. Unos la usaban mejor que otros, pero todos la tenían. El padre había sido un gran abogado, la madre una gran profesora, tenía tíos empresarios, un primo periodista y hasta un pariente lejano que ocupaba un importante cargo público… y todos sabían medir las palabras.

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lunes, 21 de marzo de 2011

Bernardo y la fiera del riachuelo (versión revisada)



de Juan Manuel Giaccone (escritor invitado)

PRIMERA PARTE

Cuenta la historia que Bernardo caminaba a la vera del riachuelo hasta que, repentinamente, tropezó con una espeluznante figura.
—Grrr… —bramó la bestia como un toro, escarbando el suelo con las patas.
¡Era la fiera, la fiera del riachuelo! Él estaba al tanto de su particular existencia pero, por los medios televisivos, se decía que habitaba territorios remotos, entre las montañas de Afganistán. Es más, muchos seguidores de la gran bestia deforme sostenían que la cruel guerra rusa—afgana había tenido su origen por culpa de la fiera: muchos opinaban que poseía poderes paranormales y que hasta había convertido montañas rocosas en castillos medievales. La CIA lo investigaba, también la Gestapo: Hitler había escrito innumerables artículos en su favor, alegando que la bestia pertenecía a una raza superior, inclusive, a la mismísima raza alemana a la que pertenecía. Walt Disney había hecho lo suyo pero se dio por vencido y suplantó a la bestia por otros personajes que con gran éxito lo soplaron a la gloria. En fin, la fiera era popular, muy temida pero amada, también odiada y respetada, esa fiera era más famosa que el mismísimo chupa-cabras.

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viernes, 4 de marzo de 2011

Recién nacida

Cuento de Rolando Revagliatti

Mi papá está preso. En La Plata. Porque mató a mi mamá, siempre me acuerdo. Yo estoy acá, vivo con una señora. En el barrio nos llevamos bien con todos. La señora es muy religiosa. A veces conmigo se pone un poco pesada con eso. Tiene un negocio. No sé, afuera. Yo acá hago las compras, ayudo, voy al colegio, pero me cuesta el colegio. Un día la maestra hablaba de los planetas y me preguntó en cuál estábamos. En Marte, le dije. Y las chicas se rieron. La maestra me retó, creía que yo hacía chistes, que me burlaba. Los del colegio, me mandaron con una señorita, una señorita especial. Y me mostró unas láminas, unos dibujos.

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lunes, 14 de febrero de 2011

Cuando todo brille


Cuento de Liliana Heker

Todo empezó con el viento. Cuando Margarita le dijo a su marido aquello del viento. El ni atinó a cerrar la puerta de su casa. Se quedó como congelado en la actitud de empujar, el brazo extendido hacia el picaporte, los ojos clavados en los ojos de su mujer. Pareció que iba a perpetuarse en esta situación pero al fin aulló. Fue sorprendente. Durante varios segundos los dos permanecieron estáticos, estudiándose, como si trataran de confirmar en la presencia del otro lo que acababa de suceder. Hasta que Margarita rompió el sortilegio. Con familiaridad, casi con ternura, como si en cierto modo nada hubiera pasado, apoyó una mano en el brazo de su marido para mantener el equilibrio mientras con la otra mano daba un suave empujón a la puerta y, con el pie derecho y un patín de fieltro, eliminaba del piso el polvo que había entrado.

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